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Terra
La Coctelera

Ya van impunes...

 

 

Le pongo a este post un título que me recuerda a las frases que Goya escribía debajo de los grabados que dedicaba a los "Desastres de la Guerra", pues creo que, ante lo que a continuación comento, no nos queda más espacio que una mirada desolada y un sobrecogimiento indignado.

Hace un par de días en el periódico EL MUNDO se recogía el siguiente titular:

"Cheney defiende el uso de la 'asfixia simulada' en los interrogatorios en Guantánamo"

Y en un momento concreto del artículo el periódico señalaba:

Preguntado por si en algún momento pensó que las tácticas utilizadas en los interrogatorios estaban yendo demasiado lejos, Cheney respondió que no, y añadió que estaba de acuerdo con practicar el método de la 'asfixia simulada'.

 

La asfixia simulada, para aquellos que no lo sepan, consiste en meter la cabeza de la persona torturada debajo del agua hasta que tiene una absoluta sensación de que se ahoga (es decir, traga agua por la nariz y por la boca, tiene convulsiones, etc.).

"Sorprende" (entre comillas, dado el mundo en el que vivimos), que dicha noticia no se haya convertido inmediatamente en la primera plana de todos los periódicos y de todos los telediarios del mundo, que no se haya exigido la dimisión irrevocable de este criminal ¿de Guerra? o que el tribunal internacional de la Haya no haya abierto diligencias inmediatas y haya solicitado una orden de busca y captura a la Interpol.

Es indudable que andamos por el camino de una perdición total y de un Fascismo sin fisuras si un el vicepresidente de un supuesto país democrático puede defender la tortura de manera abierta en un canal de televisión y no pasa absolutamente nada. ¿Cómo no ha habido una condena inmediata por parte de la Unión Europea? ¿Cómo la ONU no ha planteado una queja formal?

Cada día toleramos más aberraciones y muy pronto dichas aberraciones serán parte de nuestro horizonte cotidiano. Muy pronto ya ni siquiera nos llamarán la atención dichas aberraciones y entonces luchar contra ellas será considerado un ejercicio de fanáticos exagerados o de radicales anti-sistema que se enfrentan con cosas supuestamente normales como una especulación inmobiliaria mafiosa, corrupta e interesada, una explotación laboral generalizada, las ayudas a los bancos cuando sus robos cargados de codicia les salen mal, los ataques preventivos contra los países que no acepten a pie juntillas las reglas que imponen las grandes corporaciones (como Halliburton), la tortura de los detenidos para ver si ocultan o no algún tipo de información, los juicios a civiles por tribunales militares sin ningún tipo de garantías, la creación de campos de detención/concentración en los que no pueden entrar agentes externos al "conflicto" para dar fe de un adecuado tratamiento de los internos, etc. etc. En definitiva, todo esto puede llegar a convertirse muy pronto (si no se ha convertido ya) en algo completamente cotidiano y ni siquiera lo miraremos con sorpresa. Efectivamente, si gentuza como Cheney pueden defender en televisión una aberración de semejante calibre y no ocurre absolutamente nada, es que hemos aceptado un paso catastrófico hacia nuevas formas de Totalitarismo en esta turbulenta entrada al siglo XXI.


A modo de coda: ¿Qué hubiese pasado si Sadam Husein hubiese defendido en una televisión estatal la tortura de los soldados americanos detenidos en suelo irakí? Porque según el jueguito de palabras al que recurre Cheney ("no son soldados sino combatientes ilegales"), Sadam podría haber afirmado: "Dado que la invasión no tiene el respaldo de la ONU, tampoco ellos son soldados sino invasores ilegales". Si Sadam hubiese defendido algo semejante, hubiese habido un escándalo tan grande que hasta algunos países habrían apoyado la intervención americana como justificada. En cambio, si lo dice el cerdo de Cheney lo único que quedan son unos cuantos titulares que se pierden con el paso de las páginas y con el alienado delirio de los días.

A cada cual lo suyo

Hoy se ha reproducido en diferentes medios de comunicación un vídeo que, de no ser por la Tragedia sobre la que se sustenta, tendría sin duda muchísima gracia. Durante una rueda de prensa un valiente periodista irakí ha lanzado sus zapatos contra George W. Bush y le ha llamado "perro".

Aunque para nosotros es éste un gesto que parece rozar los límites del absurdo dadaísta, lo cierto es que en él se condensa la rabia y la desesperación de todo un pueblo que ve cómo el máximo responsable de la muerte de cientos de miles de civiles se permite afirmar ante la prensa que el país avanza correctamente hacia un estadio de normalización.

Si en esta ocasion el azar hubiese tenido la generosidad de ponerse del lado de la justicia, se habría producido la primera muerte de un presidente norteamericano por un zapatazo; una muerte propia para un criminal despreciable. SIn olvidar tampoco, por cierto, que los zapatos y el insulto "perro" son dos signos adscritos a lo peor en algunos ámbitos del mundo musulmán.

http://es.youtube.com/watch?v=duLds-TZMGw

Las diculpas de George W. Bush

 

Ninguna condena

y mucho menos ninguna disculpa

podrá remediar jamás las brechas y las heridas legadas por la expansión criminal.

 

 

Hace aproximadamente una semana aparecieron en distintos medios de comunicación una serie de extractos de una entrevista concedida por George W. Bush en las que el saliente mandatario norteamericano planteaba un amago de disculpa por lo que él mismo definía como el error de la Guerra de Irak. "Creo que no estaba preparado para la guerra -afirmaba-. En otras palabras, no hice campaña diciendo: por favor voten por mí, seré capaz de manejar un ataque. No anticipé la guerra". Una declaración cuanto menos sorprendente si tenemos en cuenta que, aunque con el tiempo se ha ido olvidando, una de sus primeras y más polémicas propuestas fue la creación de un escudo antimisiles que colocó la relación diplomática con Rusia en un estado de tensión olvidada desde los tiempos de la Guerra Fría. Si no anticipaba ninguna guerra ni ningún ataque entonces debería explicarnos el señor Bush qué es lo que pretendía hacer con semejante escudo...


Sea como sea, lo cierto es que, aprovechando las mencionadas declaraciones, y recordando cómo Tony Blair también había reconocido en su momento el error que había supuesto la Guerra de Irak, algunos periódicos se preguntaron, o reclamaron incluso, cuándo llegarían las disculpas de ex-presidente Aznar. (Al fin y al cabo, la excusa que en su día se había puesto sobre la mesa para atacar Irak se había tornado definitivamente falsa: jamás se encontraron las supuestas armas de destrucción masiva).

Ahora bien, a pesar de la aparente lógica de dicha pregunta o reclamación, lo cierto es que en ella se esconde un fondo claramente perverso; el fondo más inquietante, de hecho, con el que hoy en día tenemos que enfrentarnos. En realidad, esa reclamación al ex-presidente español por parte de algunos periódicos es tan perversa que resulta imposible saber si la intención de los mismos era hacer una llamada de atención seria sobre la necesidad de dicha disculpa o si, por el contrario, le estaban tendiendo, tanto a él como al propio presidente norteamericano, una mano amiga. Es decir, resulta difícil saber si esos periódicos son tan estúpidos como para creer que hacen algún tipo de reivindicación moral legítima al exigir las disculpas de Aznar o si, en realidad, juegan secretamente a hacerle el juego al presidente Bush y a sus pajes europeos pues, lo sepan ellos o no, en su planteamiento se esconde, en realidad, la aberración del tiempo que hoy nos toca vivir: la vergüenza y la miseria de un mundo sin legitimidad, sin criterio, sin referentes claros (más allá del consumo compulsivo) y sin un régimen jurídico internacional medianamente aceptable.
¿PEDIR DISCULPAS? ¿De verdad? ¿Pedir disculpas? ¿Pero acaso somos ya tan incapaces, tan absolutamente vacuos; estamos tan trágicamente despolitizados como para aceptar o pensar que las excusas del presidente Bush en una entrevista en la que, para colmo, ni siquiera tiene la dignidad de ponerse una corbata (símbolo, en el código que él valora, de respeto a la situación en la que habla) nos sirven de algo? ¿De verdad alguien piensa que las más de 150.000 víctimas (oficiales) que han muerto en Irak durante la Guerra, están dispuestas a aceptar semejantes excusas? ¿Acaso las familias de los más de 4000 soldados americanos fallecidos (en su mayor parte portoriqueños, negros, hispanos o blancos pertenecientes a las clases más pobres) estarán dispuestas a aceptar semejantes excusas?

 

¿No es acaso una vergüenza de dimensiones incalculables que Bush se atreva siquiera a amagar esas disculpas? ¿No es acaso una aberración histórica que un presidente "asuma" su error sobre una cuestión tan importante y lo haga ante una cadena de televisión privada y a la manera de una entrevista informal? ¿No es acaso una catástrofe política que alguien que carga sobre sus espaldas con cientos de miles de muertos, lisiados, torturados, desaparecidos y recluidos en campos de concentración, diga simplemente que siente haberse equivocado y que ahora descansará apartado de la Casa Blanca en su rancho de Texas? Pero de verdad, ¿en qué clase de mundo vivimos? ¿Qué defendemos? ¿Qué estamos dispuestos a aceptar como normal? O peor aún, ¿qué mundo vamos a legar a los que han de venir si no somos capaces de gritar sin contemplaciones y sin límite: "¡No, No y No¡ !No aceptamos semejantes disculpas! Son un insulto a las víctimas, un insulto a la libertad, al pensamiento y al menor exponente posible de ciudadanía. ¡No aceptamos sus disculpas, no al menos de este modo! La única forma en la que podríamos asumir tal solicitud de perdón sería cuando se presentase usted en La Haya y, ante un tribunal internacional legítimamente constituido, declarase acerca de su propia culpabilidad y denunciase a todos aquellos que, como José María Aznar, Tony Blair, Durao Barroso, o empresas como Halliburton (con todo su comité de dirección y todo su consejo de administración), fueron sus cómplices y sus aliados. Sólo entonces, cuando todos y cada uno de ellos asuman y cumplan sus correspondientes condenas, sus excusas podrán ser tenidas en cuenta; todo lo demás es un banal insulto a las víctimas. ¡PURA BASURA QUE NO ESTAMOS DISPUESTOS A ACEPTAR!".

 

 

 

Es por esto por lo que resultan aberrantes las solicitudes por parte de algunos periódicos de que Aznar siga el ejemplo de Bush y pida perdón. ¿Dónde están los periódicos mínimamente críticos que se niegan a aceptar semejante disculpa? ¿Es que ya nadie es capaz de plantear cosas que son evidentes? ¿Es que ya la tragedia de la desfachatez asesina se ha convertido en parte de nuestra normalidad? No, No y No. Las disculpas se aceptan cuando alguien nos pisa sin darse cuenta; si lo que hace es pisar a todo un pueblo de manera intencionada, premeditada, gestionada, calculada e insistente durante ocho años, si además supone la muerte de cientos de miles de personas, el descalabro de un país y de toda una región del mundo, el incremento de los conflictos políticos y la reducción de libertades a nivel mundial, no estamos dispuestos a aceptar una mera disculpa

La única disculpa válida en la que cabe pensar es la asunción no ya de su Responsabilidad sino de su Culpabilidad, y que cumpla la condena que le corresponde. Todo lo demás es falsa moral y miseria política.

Por lo menos tranquiliza saber que aún hay gente que tiene las cosas un poco claras: http://www.juicioaaznar.net/

Latigazo en el ojo

 

 

En la página 148 del libro de Reyes Mate: La Herencia del olvido, puede leerse una frase que se le clava al lector como un latigazo en el ojo:

"El antisemitismo, antes de que cristalice en una acción bárbara, madura en teorías del conocimiento, de la política, de la moral y hasta de la estética. Es en esos lugares donde se libra la batalla hermenéutica, que no puede dejar indiferente a intelectuales ni políticos, so pena de que caiga sobre ellos la losa con la que Mark Edelmann, el líder de la rebelión del gueto de Varsovia, sella sus memorias: "indiferencia y crimen son lo mismo".

Si junto a "antisemitismo" ponemos términos como dictadura, fascismo, represión, marginación o exclusión, nos encontramos con un aviso claro acerca de la responsabilidad constante que todos y cada uno de nosotros tenemos que asumir frente al mundo que nos toca vivir.